Marzo, mes en el que se conmemora el Día Internacional de la Mujer, concretamente el 8. Comunidad Vóley aprovecha para conversar con una pareja sobre maternidad, conciliación familiar, igualdad y por supuesto voleibol. Ellos son Valal Vidal y Borja González.  Ella es competitiva, inteligente e inquieta, le gusta dormir, dibujar y estudiar. Él, disciplinado, trabajador y pacífico, le gusta la buena comida, el arte y es un apasionado del vóley. Desde que llegaron a Islandia estuvieron involucrados con las categorías inferiores y también con la selección de vóley playa, ahora se encargan del primer equipo femenino en coordinación con las categorías inferiores. Borja es el primer entrenador y Valal su asistente y preparadora física. Sin embargo, en la práctica no existe esa diferenciación y ambos tienen la misma autoridad.

Comunidad Vóley: ¿Qué es lo que os hizo decantaros a ambos por el entrenamiento?

ValalSupongo que la vida nos llevó por ese camino. Aunque el vóley siempre ha sido una parte importante, nunca nos habíamos planteado dedicarnos a entrenar profesionalmente. Sin embargo, cuando nos fuimos a Nueva Zelanda, las cosas empezaron a encaminarnos hacia la labor de entrenadores. Primero con vóley playa, porque llegamos en verano, y después con la pista. Desde entonces, hemos ido aprovechando las oportunidades que nos han ido surgiendo.

 

C.V.: ¿A qué os habéis dedicado en los diferentes países en los que habéis estado? Islas Cook, Nueva Zelanda, Guam, aparte de Bélgica y la actual Islandia.

V: En Bélgica fuimos como jugadores. A partir de ahí, hemos compaginado un poco la labor de jugadores y entrenadores, aunque cada vez más centrados en el entrenamiento. La verdad es que hemos vivido bastantes experiencias gracias al vóley.

C.V.: ¿Qué os llevó a lugares tan lejanos y con culturas tan diferentes?

BorjaEstábamos en España, con la idea de establecernos, pero las cosas se torcieron y decidimos aprovechar la primera oportunidad que tuvimos de irnos: Bélgica. Al año siguiente, nos surgió la posibilidad de NZ y… Nos arriesgamos. Daba un poco de miedo irse tan lejos y sabiendo tan poco del voleibol de allí, pero nos parecía que era una oportunidad única. A partir de ahí ya no había límites. Tuvimos la suerte de conocer gente de la FIVB, lo que nos dio acceso a la selección de Islas Cook, posteriormente a la de Guam y a hacer algunos proyectos con otros países de Oceanía. La razón por la que vinimos a Islandia fue por las ganas de aventura y por buscar algo diferente. Hemos vivido en las antípodas, en una isla tropical y ahora en una isla polar… No sé cuál es el siguiente paso.

C.V.: ¿Qué es lo que más os ha llamado la atención de cada país? 

VDe Nueva Zelanda, todo. Es como vivir en Hobbitton, jeje. Un país precioso, la gente fue genial y en el vóley nos abrió muchísimas puertas. Creo que no puedo decir nada malo de Nueva Zelanda. Ha sido uno de los años más felices de mi vida. Guam fue algo más decepcionante, la verdad. Vivir en una isla tropical suena muy ideal pero acabas un poco hasta las narices de tanto coco y palmeras. Además, al ser una zona muy militarizada y demasiado americana, no nos gustó el ambiente ni la cultura. Por eso decidimos cambiar y venir a Islandia. Aquí llevamos ya varios años, aunque no es que pensemos en establecernos. El país tiene muchas ventajas, sobre todo a nivel económico, es tranquilo y muy bonito. Sin embargo, a nivel deportivo se nos empieza a quedar pequeño.

Ser equipo en la pista y fuera de ella no siempre es sencillo ya que nos han confesado que se llevan el trabajo a casa, aunque reconocen que a veces deberían tomarse un descanso y que ahora con el niño, tienen menos tiempo para pensar en voleibol. Algo que Borja ve positivo.

 

C.V.: ¿Consideras que el voleibol es uno de los deportes en los que existe más igualdad entre hombres y mujeres?

VSin la más mínima duda. Yo jamás he sufrido ningún tipo de discriminación ni como jugadora ni como entrenadora. En mi experiencia, los sueldos de las jugadoras son más altos que los de los hombres. No sé si eso ha cambiado en los últimos años.

 

C.V.: Desde hace poco sois uno más en casa. Se habla mucho de la importancia de la conciliación familiar y laboral pero, ¿qué nos podéis contar de esto cuando alguien se dedica al deporte? 

BEs difícil, sobre todo cuando los dos nos dedicamos a lo mismo y en el mismo horario y porque no tenemos familia aquí. Islandia, además, tiene otro problema añadido: no existen guarderías de tarde, así que tenemos que buscar niñeras que le cuiden bien en casa o bien en el pabellón. Por otro lado, eso nos da la posibilidad de pasar más tiempo con nuestro hijo. Nos hemos planteado la opción de una au pair para facilitar las cosas, pero por ahora es sólo una idea.

 

C.V.:  En Islandia, ¿cuáles son las políticas de maternidad existentes? ¿Son las mismas en el caso de las deportistas?

VNo nos podemos quejar con las ayudas que tenemos. La baja de maternidad/paternidad es de un total de 9 meses (tres obligatorios para cada uno y los otros tres a elegir). Además dan bastantes ayudas económicas y hacen bastante seguimiento del bebé en los primeros meses. Con respecto a las diferencias entre las deportista y el resto de trabajadores, en mi caso no me puedo quejar de nada. Cuando informé a mi club de que estaba embarazada, a final de temporada 2017/2018, igualmente me renovaron, pero me asignaron otras funciones y ficharon a otro entrenador para ayudar a Borja. Con la selección fue exactamente igual, buscamos otro entrenador y yo seguí haciendo otras funciones desde casa.

Sobre su hijo, quieren que sea «lo que más le guste, sea lo que sea. Que sea muy activo y que pruebe todo tipo de deportes y actividades sin que se sienta condicionado» por su estilo de vida. «En casa tiene balones de todo tipo, pero también hacen gimnasia, bailan o va a la piscina.»

C.V.:  ¿Qué consejos darías a quien esté en una situación similar? 

BCreo que salir al extranjero es una experiencia muy interesante y de la que se aprende mucho. Eso sí, hay que ser abierto y respetuoso con la cultura y las costumbres de los demás. Y, por supuesto, hay que ser responsable y cumplidor en el trabajo. Esa ha sido la clave en nuestro caso y la razón por la que siempre hemos conseguido adaptarnos bien a los países en los que hemos estado y por las que se nos valora tanto en todos ellos.
Con respecto a lo de tener hijos… Este es un tema más complicado. Nosotros nos lo pensamos mucho y no dimos el paso hasta que estábamos seguros de que podíamos ofrecer a nuestro hijo una cierta estabilidad económica. Es una gran responsabilidad.

 

C.V.:  Además de vuestra dedicación profesionalidad al voleibol mediante el entrenamiento, también tenéis publicado el libro «Vóley playa. Técnica y ejercicios«. ¿Cómo surgió la idea?

V: Pues primera idea surgió cuando hicimos el curso de entrenadores de Nivel 3. Nuestro trabajo conjunto para la asignatura de vóley playa nos encaminó a ello. Además, trabajando en Nueva Zelanda empezamos a crear una gran batería de ejercicios, con ilustraciones propias, tanto de voleibol como de vóley playa para nuestros proyectos, y nos dimos cuenta de que era una pena no aprovechar ese trabajo. Como no existía nada sobre vóley playa, decimos dar el paso y le ofrecimos el proyecto a la editorial Tutor, que se interesó, y lo sacó adelante en muy poco tiempo.

 

C.V.:  Además del libro también promovéis este deporte con publicaciones en vuestro blog y rrss. Entre jugar, entrenar y difusión, debéis dedicar muchas horas al día al voleibol. ¿Cómo se vive prácticamente con dedicación absoluta? ¿Es fácil sacar tiempo para otras cosas?

B: Este último año, por la falta de tiempo, no le estamos dedicando tanto tiempo al blog o las redes sociales como nos gustaría, y eso que tenemos bastante material multimedia que podríamos utilizar. Si pasamos tantas horas haciendo esto es porque nos gusta. Cada vez que sale adelante un nuevo proyecto sientes una gran satisfacción… Y siempre tenemos algo nuevo en mente.

 


Para ir terminando, nos han llegado unas preguntas de “un pajarito” y se las hemos formulado a nuestros entrevistados.

 C.V.:  Lleváis mucho tiempo fuera de España, ¿creéis que se os valora más en el extranjero que en vuestro país?

V: Sinceramente, sí. En todos los países que hemos estado tienen un gran concepto de nosotros y de nuestro trabajo. En el curso de entrenadores FIVB nivel 2 que hicimos en Lorca hace unos años, uno de los instructores nos preguntó, bastante sorprendido, cómo habíamos llegado tan lejos sin tener ningún «padrino», y en un congreso al que asistimos en Vancouver, Terry Lischevych, nos invitó a participar en una convención al conocernos. Es sorprendente que haya muchos más extranjeros que españoles que conozcan nuestro trabajo. Supongo que por eso recibimos muchas más ofertas de clubes de fuera de nuestro país.

 

C.V.:  Echáis de menos esos viajes que hacíais con el vóley playa? Porque los que los hacían con vosotros nos han dicho que sí.

V: Creo que es una de las cosas que más echo de menos. Yo siempre me he considerado más jugadora de playa que de pista y echo de menos mis viajes tanto por España como por el extranjero con Majo o con Lía.

 

C.V.:  ¿Cómo es jugar y entrenar representando a otro país? ¿Os gustaría ser seleccionadores de la selección española algún día?
B: Pues aunque no representas a tu propio país, se siente igualmente orgullo y también responsabilidad. Cuando suena el himno islandés, te sientes representado porque, al fin y al cabo, tú formas parte de ese equipo. Por supuesto que nos gustaría ser seleccionadores de España, pero ahora mismo nuestro objetivo es seguir trabajando y creciendo y llegar lo más arriba posible por méritos propios, como hasta ahora.

Habéis descubierto quien es ese «pajarito»? Sí, Majo Corral.


 

Miriam Escuín
Imágenes: Valal