Hay preguntas cuyas respuestas solo se entienden con el paso del tiempo.

Hace casi una década, cuando Comunidad Vóley apenas daba sus primeros pasos, alguien le preguntó a Pilar hasta cuándo pensaba seguir con aquel proyecto. Antes siquiera de que pudiera responder, otra persona lo hizo por ella: «Hasta que encuentre un trabajo de verdad.» Pilar sonrió, sabía que aquella no era la respuesta. Lo que realmente quería decir era: “No lo sé, pero ojalá este proyecto siga, aunque yo no esté. Por algo se llama Comunidad”.

Diez años después, esa frase ya no es un deseo. Es la mejor forma de explicar qué ha sido Comunidad Vóley. Porque nunca ha pertenecido a una sola persona; ha pertenecido a todas.

UNA HISTORIA QUE EMPEZÓ SIN ESPERARLA

Siempre se dice que las mejores historias nunca comienzan como uno imagina. Esto mismo le pasó a Comunidad Vóley durante una conversación entre Pilar y Sergio Figueroa, después de que una lesión apartara temporalmente a este último de las pistas.

Fue en ese momento cuando surgió una idea que llevaba demasiado tiempo esperando: crear un espacio donde este deporte pudiera tener la voz que merecía.

Había información, pero faltaba comunicación. Había resultados, pero faltaban historias. Había competiciones, pero apenas existían lugares donde contar todo lo que ocurría alrededor del voleibol.

FORMACIÓN EQUIPO

Y así, casi sin darse cuenta, nació Comunidad Vóley.

No nació con un plan, ni con una gran inversión, ni siquiera con un equipo formado. Lo hizo con una convicción muy sencilla: si nadie contaba esas historias, alguien tendría que hacerlo.

Al principio solo había ilusión. Poco después comenzaron a unirse personas: Rosa, Elena, Jorge, Manuela, Rocio, Julia, Dani, Toni, Miriam, Nerea, Raúl… y muchas otras que quizá nunca llegaron a formar parte del equipo, pero que siempre estuvieron dispuestas a ayudar cuando hacía falta.

Porque Comunidad Vóley nunca ha sido solo el nombre de un medio; ha sido exactamente eso, una comunidad.

Nerea Giménez